Ya no sé qué quiero.
El mundo avanza, la información no descansa, las responsabilidades no duermen, las preguntas incomodan cada vez más.
Qué fácil es perderse en la era instantánea, donde todo era para ayer y todo hay que hacerlo mañana si o sí.
De repente ya no sabes ni para qué haces lo que haces ni hacia dónde estás yendo.
El propósito es abrumador y una frase se repite hasta el cansancio en la cabeza: no hay tiempo.
¿No hay tiempo para nada o no hay tiempo para vos?
A veces en la carrera de avanzar nos damos cuenta de que estamos en una cinta de correr y en realidad todavía no dimos el primer paso, hacia nosotros.
Nos dijeron que había que correr hacia algo y fuimos sin saber hacia qué.
Cuando empezamos a frecuentar el mismo paisaje nos empezamos a preguntar si tal vez estamos en un circuito automático.
¿Qué quiero?
La buena noticia de esta pregunta es que saliste de la cinta y paraste a mirar.
La otra buena noticia es que es momento de salir a explorar.
Cuando bailaba, siempre quería avanzar y me costaba transitar el proceso el aprender un paso con todo lo que implica. Mi aprendizaje era mental y nada más.
Pasaba por alto el disfrute, el encontrar mi estilo, potenciar mis habilidades, encontrar mi comodidad en eso nuevo, explorar con todo el cuerpo.
Vuelve a tus bases.
Vuelve a eso que te sostiene cuando tienes que dar un primer paso.
Si no hubiera un próximo paso que aprender, ¿qué paso estarías bailando?
¿Quién eras antes de perderte en la rutina?
¿A qué jugabas de chic@ cuando no había otra responsabilidad?
¿Qué hiciste por placer la última vez que te hiciste tiempo para vos?
A veces el primer paso es prestar atención a lo más básico.
¿Qué te gusta en tu día?
¿Como se siente en el cuerpo que algo te guste?
Y ahí vamos recalculando el GPS, que muchas veces me indicaba ir hacia afuera y ahora me indica ir hacia adentro.
¿Cuáles son tus bases?